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domingo, 5 de febrero de 2012
domingo, 8 de enero de 2012
31 Atravesando Pakistán, de vuelta a casa
En Pakistán no está el horno para bollos. Al venir hacia India necesitamos 5 días de conducción, unas 10 horas al día al volante, y 4 días escoltados.
En Queta la policía no nos dejaba salir del hotel después del anochecer, por seguridad.
En esta situación mi plan para el camino de vuelta es cruzar el país lo antes posible.
Preveo otros 5 días, el primero sin escolta. Así que me mentalizo para pasar otras 10 horas al volante cada día, y llegar de nuevo a Irán, a disfrutar de los kubidés y demás joyas gastronómicas.
Día 1
Llego a la frontera India-Pakistán a primera hora y la cruzo sin problemas y relativamente rápido.
En esta parte norte del país aún no me van a escoltar, la carretera es muy buena, así que mi primer objetivo es conducir sin parar hasta Multán, donde si todo va bien me encontraré con un amigo que casualmente llega hoy en avión puesto que se viene a trabajar aquí unos meses.
A media tarde llego al hotel donde él se alojará. Es un hotel de lujo con vigilantes armados y alambrada de espino a la entrada del parking. Me abren el paso y aparco.
Pregunto en recepción el precio de una habitación; decido que dormiré en el Defender.
Hace 6 años viajé con Xabi a Pakistán. En este viaje Hacia Nepal él me acompañó durante las primeras semanas y aunque sé que se moría por seguir en la aventura tuvo que volver a su trabajo en Italia. Curiosamente ese mismo trabajo ahora le trae de vuelta a Pakistán... y yo estoy aquí el día que él llega!
Día 2
Según mi previsión hoy me parará la policía, me obligarán a ir escoltado, y el ritmo será lento así que sólo haré 400 kms. Probablemente llegaré a Sukkur, cerca del río Indo.
Así que salgo temprano del hotel, a las 6:00 a.m. y pongo rumbo al Sur.
Carretera buena. Primeros kilómetros a una velocidad alta. Me cruzo con varios coches de diferentes cuerpos de policía, pero ninguno me para. Algunos miran extrañados pero para cuando reaccionan ya me he alejado de ellos.
He salido con el depósito y el estómago llenos, así que no me detengo para nada.
A las 15:00h llego a Sukkur, sin escolta y casi sin diesel.
Paro a repostar y comer algo, y decido seguir hasta Queta. Sé que la carretera dejará de ser medio buena para convertirse en mala y luego horrorosa, y además ya no me voy a librar de la escolta así que en caso de llegar a Queta lo haré tardísimo.
Salgo de Sukkur a las 15:15
Paso por delante de varios coches de policía parados a los lados de la carretera. Se sorprenden de verme sin escolta, y esa sorpresa les deja paralizados, así que yo a lo mío.
Consigo llegar a Queta sin escolta, a las 22:00 h...! Voy directo al Bloom Star Hotel.
Acabo de ganar un día de vida.
El dueño del hotel se sorprende de que llegue sin escolta, y me advierte que al día siguiente no me libro, él mismo llamará a la policía para que vengan a buscarme a primera hora.
Día 3
Dicho y hecho, a las 9:00 aparecen dos tipos en una ridícula moto. Antes de salir de la ciudad ya he cambiado 3 veces de escolta.
Entramos en el desierto de Baluchistán. El paisaje es increíblemente precioso y es una pena tener que conducir con esta tensión por los posibles peligros, porque el coche de la poli va demasiado rápido o demasiado despacio, porque a veces la escolta te dice que ellos han llegado al final de su jurisdicción y que debes conducir 10 kms hasta el siguiente puesto de control, pero pasan 80 kms y no ves a nadie...
A medida que me alejo del centro del país y me dirijo al Oeste noto que los medios con los que cuenta la policía van empeorando. Las primeras escoltas eran 4 ó 5 soldados en Toyotas y Nissan nuevos. Luego vienen con coches cada vez más destartalados. A éstos les siguen las escoltas en moto. Y por útlimo aparecen unos abueletes muy mayores, a pie, mascando todo tipo de sustancias, a los que tengo que llevar en mi coche.
Se acomodan en el asiento, apoyan la culata en el suelo, y al rato, entre el calor, la monotonía y el aburrimiento se quedan dormidos, con el cañón apuntando directamente a su cabeza... En algún momento me veía llamando al Señor Lobo...
Después de 8 horas llego a Dalbandín. Los policías me ofrecen cenar y dormir en la comisaría, pero me apetece ir al hotel, darme una ducha, cocinar algo y descansar.
Día 4
Los escoltas han dormido en el parking junto al Defender. Por la mañana salimos temprano para recorrer los 300 últimos kms. La carretera es muy buena pero hay algunos contratiempos...
Voy escoltado por una patrulla en un pick up. Llego a un puesto de control así que la escolta se da la vuelta y vuelve por donde me ha traído. Escribo mis datos en un cuadernito, firmo y listo, ya podemos seguir. Pero el coche que me tiene que escoltar no tiene diesel, está aparcado sobre la arena del desierto con el capó abierto, y más parece un coche abandonado que otra cosa. Echo una ojeada alrededor; estamos en mitad de la nada. De dónde coño van a sacar diesel... ... ... pues sí, los polis me preguntan si puedo darles un poco del mío!?
No me puedo creer lo que está pasando. Me están escoltando porque dicen que éste es un territorio peligroso y acabo tirado debajo del coche sacando diesel por el filtro mientras los polis bromean con una ligera expresión de apuro.
Saco unos litros pero no son suficientes para que su coche arranque así que les propongo llevar al escolta en mi coche. Aceptan. Pero ahora mi coche no arranca. No entiendo nada de mecánica pero intuyo que ha entrado aire en el circuito... Los 3 polis quieren intentar arrancarlo, pero ninguno lo consigue.
Finalmente a uno de ellos se le ocurre una idea, empujar el Defender. Lástima no haber hecho ninguna foto porque la estampa lo merecía; un enorme desierto de arena, un coche de policía sin combustible, un turista montado en su Defender, y 3 policías empujando para poder arrancar...!
A primera hora de la tarde llego, por fin, a la frontera. Mientras relleno los papeles para salir del país vuelvo a pensar en lo enrevesado que está el mundo y espero que algún día pueda pasar por aquí con más tranquilidad, sin escolta, sin temores, disfrutando de tantas maravillas que ahora solo he podido ver desde la ventanilla.
Uno de los escoltas que se quedó dormido. Y hay quien dice que el Defender es incómodo! :-)
jueves, 8 de diciembre de 2011
22 Atravesando Pakistán hacia India (II)
Quetta:















Una vez resuelto el problema del rodamiento dejamos el desierto de Baluchistán y salimos hacia los verdes campos del centro de Pakistán, con intención de cruzar el río Indo.
Esa noche fue una de las peores del viaje. Llevábamos muchas horas conduciendo, había anochecido, y queríamos parar a dormir. Así se lo hicimos saber a la patrulla que nos escoltaba. Pero en el fondo ellos lo que quieren es librarse de problemas así que nos iban pasando de una escolta a otra prometiéndonos que en 10 kms podríamos parar a dormir. Así pasaron 140 interminables kms, hasta que llegamos a un control con unos 15 ó 20 policías, y decidimos plantarnos.
No nos dejaban dormir allí, según ellos era un área muy peligrosa. Después de discutir con ellos 15 minutos acepto conducir 3 kms más adelante para visitar el sitio ‘seguro’ donde nos prometen que podemos pasar la noche.
Es curioso, en medio de la nada un punto es peligroso pero 3 kms más allá deja de serlo.
Llego a ese lugar seguro acompañado de 4 policías, y me encuentro en una gasolinera.
No entiendo nada, pero si dicen que allí podemos dormir y no nos van a molestar no tenemos inconveniente en conducir esos 3 kms más, así que vuelvo a recoger al resto del equipo y nos trasladamos.
Es la una de la noche y estamos muy cansados. Nos duchamos, y sin cenar caemos redondos sobre la cama. Dos pickup y 4 policías montan guardia a nuestro alrededor.
A las 3 de la noche nos despertamos sobresaltados por gritos y los ruidos de gente golpeando nuestros vehículos. Miro por la ventana y veo de nuevo a 15 policías gritándonos para que nos vayamos de allí. Discuto con ellos, estamos durmiendo donde ellos nos han indicado! Nos piden que nos traslademos 10 kms, hasta la Estación de Policía más cercana. Viene el jefe, el boss, el sheriff, y nos pide cortésmente que le acompañemos. Con la misma cortesía le explico que eso no es posible, que son las 3 de la mañana, y que solo nos quedan 4 horas para intentar descansar.
Se va y deja allí a 6 policías que encienden las luces de la gasolinera, ponen la música a tope, se dedican a hablar entre ellos a grito pelado cerca de nuestras furgonetas...
No quieren que nos quedemos y hacen lo posible para sacarnos de nuestras casillas y que nos larguemos.
Casi lo consiguen, pero el cansancio hace que caigamos redondos de nuevo.
A las 6 de la mañana vuelven a tocar la diana aporreando las furgonetas con más fuerza.
Nos gritan ‘good morning’ y sonríen, para ellos es una fiesta. No tenemos mucha más opción que levantarnos, abrir las puertas y mentar a todas sus familias!
Recuerdo lo que pasaba por mi cabeza en aquel momento: ‘cuando llegue a India y recuerde esta noche me parecerá gracioso, pero ahora estoy de una mala ost....!’
Este fue el lugar fuera de peligro en el que pasamos la noche.

Carretera y manta. Cuarto día de controles, registros, cambios de escolta... Y llegamos a Bahalwalpur, donde pasamos la noche en un hotel.

Parece que en esta zona está el límite de la seguridad, así que al día siguiente podemos salir del hotel sin escolta y nos planteamos llegar hasta la frontera con India, y cruzarla claro!
Para recorrer los primeros 100 kms necesitamos 3 horas. Asfalto muy malo; tráfico de camiones que nunca se apartan; carretera llena de niños que van al colegio; carros tirados por burros o vacas o camellos; vendedores ambulantes; accidentes; obras...
A partir de ahí la carretera es un sueño, dos carriles en cada sentido de buen asfalto durante 400 kms. Pero la frontera cierra temprano para celebrar esa especie de desfile entre los guardias de ambos países, así que no podemos despistarnos.
Llegamos en el último momento, ya estaban cerrando la verja, pero nos dejan pasar.

Estamos solos así que el papeleo se hace muy rápido. En 10 minutos ya estamos entrando en el edificio de la frontera india.

Sonrisas, buenas caras, ‘bienvenidos a India, llegáis por los pelos’, ji, ji, ja, ja.
Rellenamos los documentos y entregamos los pasaportes con los visados.
Respuesta del funcionario de turno:
Isa, tu visado es falso.
Jorge, tu pasaporte está dañado.
Os denegamos la entrada en el país.
Después de conducir 10/12 horas al día durante los últimos 8 días, después de sufrir 4 días de escolta policial, después de llegar por los pelos a la frontera... ahora nos dicen que no entramos!?
Menudo show que montamos! Isa gritando lo más alto que podía, Jordi de rodillas pidiendo explicaciones, los hijos de los franceses llorando, yo golpeando al pobre Defender que no tenía ninguna culpa... Rompí mis gafas de sol, mi dedo acabó destrozado de tanto puñetazo...
En ese momento me doy cuenta de que ya hemos salido de Pakistán y no tenemos otro visado para volver a entrar, así que se lo digo a uno de los tipos que retiene mi pasaporte.
Me mira con cara de pocos amigos y dice algo que interpreto como: ‘Ah sí? Listillo? Ahora mismo coges tu coche y te vienes conmigo’.
Me lleva hasta la verja de Pakistán, me encierra en una oficina y vuelve a la media hora.
- No hay problema- dice – la policía pakistaní te aceptará en cuanto termine el desfile! Te vas a Islamabad a tu embajada, que te arreglen ese (despojo de) pasaporte, y si quieres vuelves por aquí!
Me cago en todo lo que se menea!!!!
Le sugiero, ya amablemente, que me deje entrar en el país, que al día siguiente sin falta yo me voy a mi embajada en Delhi para que me arreglen el dichoso pasaporte, y que en cuanto esté arreglado me presento en la comisaría, o en el Ministerio de Asuntos Exteriores si hace falta, para que todos nos quedemos satisfechos.
Su respuesta, -No!!
La mía, -Cabróóóóón...!!!
Después de varias horas, sin más, cuando ya no nos quejábamos, vienen y nos dicen que nos aceptan. Que han comprobado el visado de Isa y que a pesar de que el sello no es correcto el número de visado sí lo es. A mí me dicen que sea buen chico y pase por mi embajada a arreglar el pasaporte.
En cuanto tuve ocasión compré pegamento rápido y yo mismo hice una reparación casera.
Ahora suena gracioso, pero la rabia y la impotencia que sentimos en aquel momento...



Una vez resuelto el problema del rodamiento dejamos el desierto de Baluchistán y salimos hacia los verdes campos del centro de Pakistán, con intención de cruzar el río Indo.
Esa noche fue una de las peores del viaje. Llevábamos muchas horas conduciendo, había anochecido, y queríamos parar a dormir. Así se lo hicimos saber a la patrulla que nos escoltaba. Pero en el fondo ellos lo que quieren es librarse de problemas así que nos iban pasando de una escolta a otra prometiéndonos que en 10 kms podríamos parar a dormir. Así pasaron 140 interminables kms, hasta que llegamos a un control con unos 15 ó 20 policías, y decidimos plantarnos.
No nos dejaban dormir allí, según ellos era un área muy peligrosa. Después de discutir con ellos 15 minutos acepto conducir 3 kms más adelante para visitar el sitio ‘seguro’ donde nos prometen que podemos pasar la noche.
Es curioso, en medio de la nada un punto es peligroso pero 3 kms más allá deja de serlo.
Llego a ese lugar seguro acompañado de 4 policías, y me encuentro en una gasolinera.
No entiendo nada, pero si dicen que allí podemos dormir y no nos van a molestar no tenemos inconveniente en conducir esos 3 kms más, así que vuelvo a recoger al resto del equipo y nos trasladamos.
Es la una de la noche y estamos muy cansados. Nos duchamos, y sin cenar caemos redondos sobre la cama. Dos pickup y 4 policías montan guardia a nuestro alrededor.
A las 3 de la noche nos despertamos sobresaltados por gritos y los ruidos de gente golpeando nuestros vehículos. Miro por la ventana y veo de nuevo a 15 policías gritándonos para que nos vayamos de allí. Discuto con ellos, estamos durmiendo donde ellos nos han indicado! Nos piden que nos traslademos 10 kms, hasta la Estación de Policía más cercana. Viene el jefe, el boss, el sheriff, y nos pide cortésmente que le acompañemos. Con la misma cortesía le explico que eso no es posible, que son las 3 de la mañana, y que solo nos quedan 4 horas para intentar descansar.
Se va y deja allí a 6 policías que encienden las luces de la gasolinera, ponen la música a tope, se dedican a hablar entre ellos a grito pelado cerca de nuestras furgonetas...
No quieren que nos quedemos y hacen lo posible para sacarnos de nuestras casillas y que nos larguemos.
Casi lo consiguen, pero el cansancio hace que caigamos redondos de nuevo.
A las 6 de la mañana vuelven a tocar la diana aporreando las furgonetas con más fuerza.
Nos gritan ‘good morning’ y sonríen, para ellos es una fiesta. No tenemos mucha más opción que levantarnos, abrir las puertas y mentar a todas sus familias!
Recuerdo lo que pasaba por mi cabeza en aquel momento: ‘cuando llegue a India y recuerde esta noche me parecerá gracioso, pero ahora estoy de una mala ost....!’
Este fue el lugar fuera de peligro en el que pasamos la noche.

Carretera y manta. Cuarto día de controles, registros, cambios de escolta... Y llegamos a Bahalwalpur, donde pasamos la noche en un hotel.

Parece que en esta zona está el límite de la seguridad, así que al día siguiente podemos salir del hotel sin escolta y nos planteamos llegar hasta la frontera con India, y cruzarla claro!
Para recorrer los primeros 100 kms necesitamos 3 horas. Asfalto muy malo; tráfico de camiones que nunca se apartan; carretera llena de niños que van al colegio; carros tirados por burros o vacas o camellos; vendedores ambulantes; accidentes; obras...
A partir de ahí la carretera es un sueño, dos carriles en cada sentido de buen asfalto durante 400 kms. Pero la frontera cierra temprano para celebrar esa especie de desfile entre los guardias de ambos países, así que no podemos despistarnos.
Llegamos en el último momento, ya estaban cerrando la verja, pero nos dejan pasar.

Estamos solos así que el papeleo se hace muy rápido. En 10 minutos ya estamos entrando en el edificio de la frontera india.

Sonrisas, buenas caras, ‘bienvenidos a India, llegáis por los pelos’, ji, ji, ja, ja.
Rellenamos los documentos y entregamos los pasaportes con los visados.
Respuesta del funcionario de turno:
Isa, tu visado es falso.
Jorge, tu pasaporte está dañado.
Os denegamos la entrada en el país.
Después de conducir 10/12 horas al día durante los últimos 8 días, después de sufrir 4 días de escolta policial, después de llegar por los pelos a la frontera... ahora nos dicen que no entramos!?
Menudo show que montamos! Isa gritando lo más alto que podía, Jordi de rodillas pidiendo explicaciones, los hijos de los franceses llorando, yo golpeando al pobre Defender que no tenía ninguna culpa... Rompí mis gafas de sol, mi dedo acabó destrozado de tanto puñetazo...
En ese momento me doy cuenta de que ya hemos salido de Pakistán y no tenemos otro visado para volver a entrar, así que se lo digo a uno de los tipos que retiene mi pasaporte.
Me mira con cara de pocos amigos y dice algo que interpreto como: ‘Ah sí? Listillo? Ahora mismo coges tu coche y te vienes conmigo’.
Me lleva hasta la verja de Pakistán, me encierra en una oficina y vuelve a la media hora.
- No hay problema- dice – la policía pakistaní te aceptará en cuanto termine el desfile! Te vas a Islamabad a tu embajada, que te arreglen ese (despojo de) pasaporte, y si quieres vuelves por aquí!
Me cago en todo lo que se menea!!!!
Le sugiero, ya amablemente, que me deje entrar en el país, que al día siguiente sin falta yo me voy a mi embajada en Delhi para que me arreglen el dichoso pasaporte, y que en cuanto esté arreglado me presento en la comisaría, o en el Ministerio de Asuntos Exteriores si hace falta, para que todos nos quedemos satisfechos.
Su respuesta, -No!!
La mía, -Cabróóóóón...!!!
Después de varias horas, sin más, cuando ya no nos quejábamos, vienen y nos dicen que nos aceptan. Que han comprobado el visado de Isa y que a pesar de que el sello no es correcto el número de visado sí lo es. A mí me dicen que sea buen chico y pase por mi embajada a arreglar el pasaporte.
En cuanto tuve ocasión compré pegamento rápido y yo mismo hice una reparación casera.
Ahora suena gracioso, pero la rabia y la impotencia que sentimos en aquel momento...
martes, 6 de diciembre de 2011
21 Atravesando Pakistán hacia India (I)
La frontera entre Irán y Pakistán sigue como la recordaba, con alguna pequeña incorporación en la parte pakistaní: ahora tienen unas webcam con las que te hacen una foto al entrar o salir del país.
El resto de las instalaciones son un poema. Pero cruzarla es más fácil y rápido que conseguir el visado en la embajada en Madrid.
Tienes que firmar un montón de papeles en varios edificios diferentes y no hay señales para ir de uno a otro, ni carretera: una pequeña jungla.



Aquí aún no utilizan ordenadores así que rebuscando en el enorme libro de registros encontré mis datos y los de la Citroen C25 con la que cruzamos esta misma frontera unos cuantos años atrás. (Un abrazo a Juanjo esté donde esté)

Todo el mundo quería posar junto a Isa.

En cuanto tuvimos todos los papeles preparados y pensábamos salir de allí pitando nos dicen que tenemos que llevar escolta policial. Ya nos lo imaginábamos, pero teníamos la esperanza de que las cosas hubieran cambiado y pudiéramos librarnos de ello. Sobre todo porque no están coordinados y ralentizan muchísimo el viaje. Cuando una patrulla llega al final de su jurisdicción, se detiene, avisa a la siguiente, y tenemos que esperar a que venga el relevo. Con lo fácil que sería avisarles 10 minutos antes de llegar y que estuvieran preparados! Así que para recorrer 300 kms de buena carretera necesitamos unas 8-10 horas, y cambiamos unas 15 veces de escolta.

En este periplo pakistaní voy acompañado por la VW de Isa&Jordi, y por la Sprinter de Erick y Christine, que viajan con sus hijos Steven y Ambre, de 8 y 14 años.
La policía iraní decidió juntarnos en un control para ahorrar una escolta, y nosotros decidimos cruzar juntos Pakistán hasta llegar a India.
Mientras duró la travesía pasábamos al menos 10 horas al volante cada día así que no tuvimos mucho tiempo para charlar, pero Erick nos contó algunas cosas en los pocos momentos de relax.
Llevan un año dando vueltas por el mundo, aunque hace un mes salieron de nuevo de Francia. Estando en Turquía perdieron los papeles del vehículo así que tuvieron que volver a casa para gestionar toda la documentación. Según su plan les quedan dos años de vacaciones.
En los últimos años Erick se ha dedicado a vender productos por internet. La gente quiere cosas baratas, aunque no las necesite, y él las ofrecía. Ahorraron algo de dinero y decidieron salir a gastarlo.
No es la primera vez que viajan, y siempre lo han hecho con sus hijos.
Cada mañana Steven y Ambre sacan su mochila del colegio, buscan un rincón donde concentrarse, y se ponen a estudiar Matemáticas, Español, Inglés... o lo que toque cada día.
Steven, Christine, Erick y Ambre

El primer día solo hubo tiempo para conducir muchas horas y llegar a dormir a Dalbandin. Es la única ciudad de importancia en los 600 kms que hay entre la frontera y Quetta. Tienen suministro eléctrico hasta las 23:00 h, luego apagan los generadores que alimentan la red.
De cachondeo con el cuerpo de élite pakistaní!
En Baluchistán


Un alto en el camino para rezar

Dicen que esta parte de Pakistán es la más peligrosa, y en todo el país no nos dejan acampar en cualquier sitio, así que vamos directamente al único hotel de la ciudad, Hotel Al Dawood. Irfan y Shoukat, los propietarios, nos dicen que unas semanas atrás secuestraron a dos turistas suizos a 50 kms de este lugar. Unos kms al Este de Quetta también secuestraron a otro europeo. Normalmente se trata de secuestros por dinero, aquí no tiene mucho que ver la religión ni la política. La gente es extremadamente pobre y en los turistas ven un negocio.
Nosotros seguimos la ruta recomendada, tenemos escolta, y desde luego no vamos a pasar un minuto más del necesario en este país.
En el fondo es una pena, porque aquí, como en todos los sitios, hay gente maravillosa, y paisajes increíbles, y si en vez de viajar con temor viajásemos con tranquilidad podríamos haber pasado momentos muy agradables.
Con los propietarios del hotel, ahora y hace 6 años.


Pero la realidad es otra, así que aparcamos/escondemos los coches en el patio trasero del hotel, cenamos en su restaurante, y dormimos en las furgonetas custodiados por dos policías que pasan la noche sobre unas mantas a los pies de nuestros vehículos.
Fachada trasera del Hotel

Desde aquí el parking tiene mejor pinta

Este simpático profesor de inglés parecía sacado de 'Alguien voló sobre el nido del cuco'

Escolta nocturna.

Colorido camión típico de Pakistán

Entre Dalbandin y Quetta tenemos otros 300 kms, esta vez la carretera es malísima, y los controles y los cambios de escolta son muy lentos. Otras 10 horas.
Una de las ruedas del Defender viene haciendo un sospechoso ruido desde los últimos kilómetros del día anterior. Al entrar en Quetta tengo que poner la música muy alta para no escuchar los gritos desgarradores del rodamiento.
El mecánico en acción

El resto de las instalaciones son un poema. Pero cruzarla es más fácil y rápido que conseguir el visado en la embajada en Madrid.
Tienes que firmar un montón de papeles en varios edificios diferentes y no hay señales para ir de uno a otro, ni carretera: una pequeña jungla.



Aquí aún no utilizan ordenadores así que rebuscando en el enorme libro de registros encontré mis datos y los de la Citroen C25 con la que cruzamos esta misma frontera unos cuantos años atrás. (Un abrazo a Juanjo esté donde esté)

Todo el mundo quería posar junto a Isa.

En cuanto tuvimos todos los papeles preparados y pensábamos salir de allí pitando nos dicen que tenemos que llevar escolta policial. Ya nos lo imaginábamos, pero teníamos la esperanza de que las cosas hubieran cambiado y pudiéramos librarnos de ello. Sobre todo porque no están coordinados y ralentizan muchísimo el viaje. Cuando una patrulla llega al final de su jurisdicción, se detiene, avisa a la siguiente, y tenemos que esperar a que venga el relevo. Con lo fácil que sería avisarles 10 minutos antes de llegar y que estuvieran preparados! Así que para recorrer 300 kms de buena carretera necesitamos unas 8-10 horas, y cambiamos unas 15 veces de escolta.

En este periplo pakistaní voy acompañado por la VW de Isa&Jordi, y por la Sprinter de Erick y Christine, que viajan con sus hijos Steven y Ambre, de 8 y 14 años.
La policía iraní decidió juntarnos en un control para ahorrar una escolta, y nosotros decidimos cruzar juntos Pakistán hasta llegar a India.
Mientras duró la travesía pasábamos al menos 10 horas al volante cada día así que no tuvimos mucho tiempo para charlar, pero Erick nos contó algunas cosas en los pocos momentos de relax.
Llevan un año dando vueltas por el mundo, aunque hace un mes salieron de nuevo de Francia. Estando en Turquía perdieron los papeles del vehículo así que tuvieron que volver a casa para gestionar toda la documentación. Según su plan les quedan dos años de vacaciones.
En los últimos años Erick se ha dedicado a vender productos por internet. La gente quiere cosas baratas, aunque no las necesite, y él las ofrecía. Ahorraron algo de dinero y decidieron salir a gastarlo.
No es la primera vez que viajan, y siempre lo han hecho con sus hijos.
Cada mañana Steven y Ambre sacan su mochila del colegio, buscan un rincón donde concentrarse, y se ponen a estudiar Matemáticas, Español, Inglés... o lo que toque cada día.
Steven, Christine, Erick y Ambre

El primer día solo hubo tiempo para conducir muchas horas y llegar a dormir a Dalbandin. Es la única ciudad de importancia en los 600 kms que hay entre la frontera y Quetta. Tienen suministro eléctrico hasta las 23:00 h, luego apagan los generadores que alimentan la red.
De cachondeo con el cuerpo de élite pakistaní!
En Baluchistán


Un alto en el camino para rezar

Dicen que esta parte de Pakistán es la más peligrosa, y en todo el país no nos dejan acampar en cualquier sitio, así que vamos directamente al único hotel de la ciudad, Hotel Al Dawood. Irfan y Shoukat, los propietarios, nos dicen que unas semanas atrás secuestraron a dos turistas suizos a 50 kms de este lugar. Unos kms al Este de Quetta también secuestraron a otro europeo. Normalmente se trata de secuestros por dinero, aquí no tiene mucho que ver la religión ni la política. La gente es extremadamente pobre y en los turistas ven un negocio.
Nosotros seguimos la ruta recomendada, tenemos escolta, y desde luego no vamos a pasar un minuto más del necesario en este país.
En el fondo es una pena, porque aquí, como en todos los sitios, hay gente maravillosa, y paisajes increíbles, y si en vez de viajar con temor viajásemos con tranquilidad podríamos haber pasado momentos muy agradables.
Con los propietarios del hotel, ahora y hace 6 años.

Pero la realidad es otra, así que aparcamos/escondemos los coches en el patio trasero del hotel, cenamos en su restaurante, y dormimos en las furgonetas custodiados por dos policías que pasan la noche sobre unas mantas a los pies de nuestros vehículos.
Fachada trasera del Hotel

Desde aquí el parking tiene mejor pinta

Este simpático profesor de inglés parecía sacado de 'Alguien voló sobre el nido del cuco'

Escolta nocturna.

Colorido camión típico de Pakistán
Entre Dalbandin y Quetta tenemos otros 300 kms, esta vez la carretera es malísima, y los controles y los cambios de escolta son muy lentos. Otras 10 horas.
Una de las ruedas del Defender viene haciendo un sospechoso ruido desde los últimos kilómetros del día anterior. Al entrar en Quetta tengo que poner la música muy alta para no escuchar los gritos desgarradores del rodamiento.
El mecánico en acción

